El Mirador Nuevos embajadores: ¿Para qué?
El Mirador
Nuevos embajadores: ¿Para qué?
Por Luís Céspedes Peña
Los embajadores y cónsules ya no son como los cortesanos que
usaban esas posiciones para presentarse a determinados actos oficiales con
guantes en sus manos, para disfrutar de exquisitas bebidas o para acompañar, en
yates, a las más distinguidas personalidades de los diferentes países.
Hoy, los embajadores y cónsules son figuras políticas
determinantes para fijar las posiciones de los Estados que representan. ¡Ya no
son los embajadores y cónsules mudos! Ese formalismo ya no existe. Algunas veces
río solo cuando leo o escucho a ciertos políticos dominicanos acusar a
determinados embajadores de intervenir en nuestros asuntos internos.
Para los que así piensan, hay que decirles que esos delegados
internacionales lo único que hacen es cumplir con las instrucciones de cada uno
de los Presidentes que representan la política exterior de sus naciones. Cuando
el embajador de Estados Unidos, el Reino Unido u otros países fijan posiciones
interviniendo en los asuntos dominicanos, es porque recibieron esas órdenes.
¿Por qué hay diplomáticos acreditados en nuestro país que
están obligando al gobierno a que haga lo incorrecto en materia de migración?
Porque es una orden superior que ellos no deben violar. Aclarado el tema, esta
es nuestra consideración.
A partir de ya, nuestros embajadores y cónsules tienen que salir
a los suburbios de los diferentes países con los cuales nosotros tenemos
relaciones diplomáticas, ahí donde hay
millares de dominicanos y latinos viviendo en condiciones paupérrimas, para
convocar a los comunicadores, en sus propios territorios, para denunciar las barbaries que se cometen
en contra de éstos. ¡Y también denunciar otros males sociales!
Si los problemas están en Estados Unidos, allá mismo comenzar
a denunciar las injusticas que comenten las autoridades en contra de los
dominicanos. Pero eso no debe ser un día, sino permanentemente, de la misma
manera que lo hacen algunos de los señores embajadores acreditados en nuestro
país. Denunciar los problemas internos, como el turismo y otras áreas, como
ellos lo hacen en contra de nuestro país.
Tenemos que convertirnos en boxeadores. Golpear por donde más
le dueño a los que conspiran en contra de nuestra soberanía. El gobierno del
presidente Danilo Medina, como también lo fue el que dirigió el doctor Leonel
Fernández, es un defensor de los derechos humanos, especialmente de los
haitianos, los cuales-a decir verdad-son huérfanos de parte de su Presidente,
Michel Martelly, quien sigue creyendo que está dirigiendo una pista de baile,
por su condición de bailarín.
Los dominicanos compartimos con los haitianos, legales o no,
de la misma manera que si ellos fuesen nacionales. Pero ellos mismos deben ser
conscientes para saber que en cualquier
país del mundo, los extranjeros tienen que estar legalizados y pagar los
impuestos, como hacen con nosotros en Estados Unidos u otras naciones.
Hace dos semanas, varios guardacostas de Estados Unidos
detuvieron a 52 cubanos y 18 haitianos ya llegando a Miami, de manera ilegal.
¿Y qué pasó con esos ilegales? Fueron devueltos a Cuba y Haití desde los mismos
guardacostas.
Lo correcto, según las exigencias del gobierno de Estados
Unidos a la República Dominicana, habría sido que, por humanidad, el grupo
hubiese sido dejado entrar a territorio norteamericano. Los ilegales tuvieron
que conformarse con que vieron, de cerca, a Miami. Pero debemos aclarar que no
tenemos autoridad para criticar a Estados Unidos u otras naciones en materia de
cumplimiento de la Ley de Migración.
Pensamos que se trata de una batalla que el gobierno nuestro está
en desventaja en materia de defensa de parte de la mayoría de nuestros
embajadores y cónsules, aunque tenemos que admitir que el cónsul en Nueva York,
Eduardo Selman, el canciller Andrés Navarro y otros representantes del
patriotismo, están cumpliendo estrictamente con sus funciones.
Pero nuestros diplomáticos y cónsules, especialmente los
radicados en Nueva York, tienen que investigar los problemas sociales de la
Alcaldía de Bill De Blasio, para denunciarlas allá mismo. Supongo que si un día
ese señor solicita visado para venir a la República Dominicana, que
verdaderamente no hace falta, porque con que venga o no, la economía nacional no va a
mejorar ni a desmejorar, se le debe dar cumplimiento a su solicitud, pero el
país debe declararlo persona no grata.
Nos sentimos complacidos de la postura
respetuosa de la mayoría de los países europeos, como es el caso de España,
nuestra madre patria, por el manejo correcto que le están dando al tema
migratorio dominicano. Nuestro país tiene muchos problemas y aún así somos
sumamente solidarios con nuestros vecinos haitianos.
El problema
está en que el Presidente de Haití representa a un pequeño grupo de acaudalados,
que maneja las riquezas nacionales para
favorecerse indignamente, sin el menor escrúpulo, y hasta permite que
donaciones que les son enviadas a los pobres de esa sufrida nación no lleguen a
los más necesitados, por una u otra razón.
Gracias por
leernos.
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